Una manada entre las olas

Algo venía hacía mí

Sonará a tópico, pero el garaje del centro comercial estaba abrumadoramente solitario a esas horas de la noche. No era muy tarde, pero cerrarían en breve. Venía con mis bolsas cargadas del supermercado. Y mis chanclas sonaban estrepitosamente originando ecos por todas partes.

Pero no era eco el sonido que se oía tras cada paso que daba.Era como si una bestia con garras anduviera dos filas más allá de los vehículos. No le dí importancia hasta que oí el rugido. Entonces frené en seco y me agaché para mirar entre los coches, solté las bolsas y me tumbé lentamente sobre el suelo.

Miré por debajo de los coches. Brinqué sobre mis pies, agarré la compra y corrí como un poseído hasta la puerta de mi coche.

El pobre, llevaba conmigo más de 10 años y las puertas no abrían desde fuera, así que abrí la ventana trasera, que se suele atascar cuando se desliza, pero tomé el máximo cuidado para que se abriera lo más rápido posible.

Metí el brazo, subí el seguro, abrí la puerta mientras oía el rugir de un perro furioso que venía corriendo hacia mí.

Lobos-en-el-return

En el RETURN se les veía por las noches, pasadas las doce.

Cuchicheos entre sombras

Eché mi tabla de surf a un lado, subí y cerré la puerta con toda mi alma, y en ese instante, la bestia se estampó contra el cristal. Era un perro enorme, negro con la mirada inyectada en sangre. Empezó a gruñir alrededor del coche y en una de esas saltó sobre el capó.

Empecé a inquietarme y busqué la llave para aflojar las tuercas de las ruedas. Si no se va, salgo y le meto la llave en la cabeza, pensé.  Aunque si he de ser sincero, no tenía el valor para enfrentarme a un perro enorme, o eso parecía, de más de 80 kilos.

Me volví con la llave en la mano y ya no estaba. Desapareció como por arte de magia. Unos metros más allá estaban los chicos búlgaros, ese grupito del que hablábamos y cuchicheábamos entre sombras cuando veíamos videos de surf en el Buena onda o el Chill out.

Estaban metiendo una compra en el portabultos de su coche destartalado y una de ellas, me miró y se quedó con la mirada fija. Tuve una sensación rara, arranqué y salí de allí pitando.

Fachada2-Fuerte-Vida

FUERTE VIDA era el lugar de paso de la manada, aquí tomaban algo de camino a las olas, siempre al atardecer.

Surfeaban siempre juntos

La primera manada que conocí fue por finales de los años ochenta. Era el primer grupito de surfers que se formaba en Pto del Rosario. Venían todos juntos en una furgona roja.

Pero estos amigos se separan y se unen a otros grupos y los grupos van cambiando. Pero a mediados de los noventa llegó un grupo del este de Europa que hacían surf. Chicos y chicas, y estos si que eran especiales. Siempre estaban juntos, iban a surfear juntos y pasaban los años y nunca se separaban.

Eran tres chicos y dos chicas. Hasta que Tamara, empezó a ir con ellos a todas partes, al principio sólo hablaba de lo guay que eran. Luego de lo que le gustaba Anton, el más alto y fuerte del grupo.

Tamara empezó a actuar de forma muy rara, primero se fue alejando del grupito nuestro. Cuando coincidíamos, a veces hacía algo raro, olisqueaba el viento, me miraba y decía alguna chorrada como que las olas venían un poco desordenadas, aunque he de admitir que con la nariz acertaba siempre.

Veía las series antes que nadie, se ponía de pie en take off tardíos sin perder nunca el equilibrio y en sólo unos días pasó de ser la frágil Tamara a tener más huevos que nadie en el agua. Lo que nos hacía a todos ponernos el listón cada vez más alto.

Las noches entre cervezas eran monotemáticas y Tamara y sus grupo salía en casi todas las conversaciones.

  • Está muy rara desde que sale con Anton, decía siempre Fran.
  • Siempre han sido raros. ¡Bah!, que más da, una menos a la que saltarle las olas, decía Héctor.
  • Esos siempre llegan cuando todos nos vamos. No sé para que van a surfear, sólo les queda media hora de luz.
  • Es muy raro, ¿alguien les ha visto salir del agua? Todos nos vamos cuando se hace de noche, pero ellos desaparecen cogiendo olas en la oscuridad.
  • Si, es muy raro.
Anastacia

Algo se movió en mis tripas la primera vez que ví a Anastacia surfeando.

Uno más de la manada

La manada, como la llamábamos todos, seguía apareciendo al atardecer, pero una mañana, en la que había decidido madrugar para aprovechar un buen parte, me los encontré a todos. Ya no eran 6, había una chica nueva. Y no podía dejar de mirarla. Era perfecta, de esas bellezas nórdicas que te dejan sin respiración.

Empecé a dejarme caer por el Boardriders, sabía que era el sitio donde siempre iban a tomar una birra por las noches. Era como una droga que dirigía mis pasos una y otra vez hacia la chica nueva. La buscaba en cualquier esquina, buscaba el coche negro de la manada cuando llegaba a la playa. Buscaba su caminar sensual entre las calles de Corralejo.  La buscaba por todas partes.

Y la encontraba, sabía donde encontrarla y nuestras miradas se cruzaban, un instante, pero para mí era suficiente.

Tamara tiró de mi brazo con fuerza aquella noche, con demasiada fuerza para sus brazos delgados, pero no me importó su apretón ni su tirón, me llevó derecho a Anastacia. Por fin supe su nombre.

  • Verdad Juan, verdad, que tu sabes de una ola secreta por el Norte.

Yo no oía nada, sólo estaba admirando la profundidad de sus ojos verdes claros.

  • Eh, sí, sí, claro.

Anastacia cogió mi mano y me arrastró a una de las mesas de la esquina. Pidió dos cañas y empezó a hablar. Con ese acento del este rumano.

  • ¿Te gustaría salir conmigo? Quiero decir, ir a surfear un día. Acabo de llegar y mis colegas están siempre en rollo pareja y me siento desplazada. ¡Di que sí, di que sí!
  • Claro, ¿Cuándo?

No podía salir de mi asombro. Vaya suerte que tengo. No me lo podía creer.

Anastacia-Tatto

Cuando se retiraba el pelo dejaba ver ese lobo tatuado en su espalda.

Una relación abrupta

Y ahí empezó mi relación con Anas. Empecé a quedar con Anastacia al principio para ir a surfear, pero no sé cuando empezamos a ir con toda la manada. Eran raros pero surfeaban muy bien,  y vestían muy góticos, siempre de negro y esos tatuajes tan raros, con lobos y lunas. 

Una  noche de acampada en medio de risas y cervezas frías me cogió la muñeca y me preguntó.

  • ¿Quieres formar parte de la manada?
  • Creo que ya soy parte de vuestro grupo.
  • Todavía no, tengo que contarte algo.
  • Sea lo que sea estoy muy bien contigo, aunque tienes algunas manías raras. Eso de olfatear cuando llegamos al pico, el que puedas correr más rápido que yo y el que no me hayas invitado a tu casa todavía. 3 meses y sólo un beso en tus labios.
  • Por eso quiero hablar contigo. Y apretó con más fuerza mi muñeca.
Publicidad

Miré su mano y estaba cubierta de pelos y garras. Debía estar alucinando. Tanta cerveza…

Miré su bonita cara mientras los otros bailaban y aullaban alrededor de la hoguera.   ¿Aullaban o gritaban? Parecían perros bajo la luna, o lobos. Se pusieron todos a cuatro patas, Anas me cogió la cara con fuerza y me miró profundamente.

  • ¿Quieres o no quieres?
  • Si quiero, si quiero.

Y  su boca se acercó a la mía y me mordió el labio con fuerza.

La sangre brotó pero estaba perdido, estaba enamorado. Y cuando abrí los ojos estaba solo, habían desaparecido todos. Medio borracho trataba de parar la hemorragia del labio.

Maldita Anastacia, donde te has metido, me pones la miel en mis labios y seguida me la quitas.

Mark-Slave-tatto

Sus tattos siempre en el mismo sitio. Mark Slave. Me decía Anastacia que era el mejor.

Nueva vida

Me dolía la cabeza un horror la mañana siguiente, pero Anas no paraba de tocar el claxon del coche negro descapotable. La saludé desde la ventana, me vestí y bajé al porche.

  • Sube, hoy empieza tu nueva vida.

No dije nada y me dejé llevar por sus encantos.

  • ¿A dónde vamos?
  • A Mark Slave, tienes que hacerte un tatuaje.
  • No me gustan los tatuajes
  • Si quieres pertenecer a la manada tienes que hacerte un tattoo, si quieres estar conmigo tendras que sufrir neno.

Me solía llamar Neno, lo que me hacía mucha gracia.

  • ¿Un lobo? Somos surfers.
  • ¿Tu grupito no nos llaman la manada?
  • ¿Pero un tatto de un lobo?

Juan, ahora eres un lobo de la manada, y yo seré tu loba.  Para siempre. Viviremos alimentándonos del miedo de las personas. Surfeamos por placer y este grupo está enganchado al surf, nuestro poder se magnifica en las olas, pero nadie debe saber que somos.

Somos Lobos, lobos de mar, lobos de las olas.

La-manada-en-el-Boardriders

En esa esquina del Boardriders me pidió que saliera con ella.

Aquella tarde me lo contó todo, que me iba a pasar los próximos días, como aprender a controlar la metamorfosis y sobretodo lo del día al mes dedicado a la caza. Los pelos y los colmillos, las garras y las colas.

  • Pero Anastacia, los hombres lobos solo existen en las películas y en las novelas.
  • Dímelo esta noche, cuando tu cuerpo se retuerza de dolor mientras te crecen las garras y te sale el pelo.
  • ¿Estas hablando en serio?
  • Nunca he hablado más en serio en mi vida.

Kelly slater es un Lobo de las olas. Hay varios en el tour. Su surf sobresale del resto.

Atado con cadenas en el sótano de su casa, mientras todos me miraban, me transformé por primera vez. Y una vez convertido en monstruo mi sed de sangre era tanta que amenazaba romper las gruesas cadenas con cada zarpazo que daba al aire. Era mi bautizo, fue terrible. Pero poco a poco y con la ayuda del grupo fui controlando mis deseos.

El que más me costaba era el de sobresalir haciendo surf sobre todos los demás. Una noche sentados en el confortable sillón del Dodo, un resturante polaco de Corralejo, Anastacia me contaba que en el tour había varios de nosotros. Kelly Slater, John John, Gabri.

¿O piensas que un humano puede surfear a ese nivel?  Ellos son como nosotros pero han decidido mezclarse más entre ellos. Nosotros no podemos hacerlo, nos delataríamos, no tenemos tanta fuerza de voluntad, en algún momento saltaríamos y entonces saldría a la luz la verdad.

La verdad es que los monstruos existen, están viviendo entre nosotros, puede ser el panadero, el fontanero, el chofer de la guagua. O pueden ser un grupo de adolescentes surfistas que van a surfear en las noches claras, cuando la luna ilumina el agua.

Todos tienen una marca que les delata, búscala en sus espaldas. 

 

 

Una manada entre las olas.

803
Views