Los mejores Surf Bar de Fuerteventura

¿Qué sería de nosotros sin los bares?, ¿dónde quedaríamos con los colegas?, ¿dónde tendríamos esas charlas de nuestros baños tan especiales?, ¿dónde veríamos esos vídeos de Surf que nos dejan atontados?

 

En ellos nos olvidamos de ser, nos olvidamos que el tiempo no duda. En ellos perdemos su noción soñando con olas perfectas.

Recuerdo la primera vez que pisé Fuerteventura. Imposible olvidarlo, si llevas tiempo soñando todo lo que te contaban. Una vez que sientes su aroma estarás perdidamente enamorado, y piensas que jamás te pasará a ti, pero una se equivoca y es cierto, yo me enamoré de la isla, de sus olas, de sus bares y …

buena-onda

Allí, en ese bar, en esa mesa surgió nuestra historia

 Y mientras la vida pasa, en los bares suceden historias 

 

Hacía unas semanas que no salía a tomar algo por Corralejo, pero esa noche hacía un calor que pedía a gritos una cerveza. Salí pitando del trabajo para ir al Buena Onda, uno de los bares que me tiene loca, se respira surf por los cuatro costados.

La brisa del mar se estrellaba en mi rostro mientras esperaba mi tropical fresquita, de repente, sentí una sensación que dominaba cada espacio dentro de mi, levanté la vista para buscar de dónde provenía esa sensación, esperaba de esas miradas que cuando levantas la vista son desviadas de inmediato. Para mi sorpresa, lo que encontré fue unos ojos brillantes, como sorprendidos de encontrarse con los míos.

Parecía que nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Habíamos conectado a la perfección. Estuvimos horas hablando y viendo vídeos de surf. Era hora de irme, tenía que madrugar para ir a trabajar, no sabía si volvería a verlo, ni tan siquiera su nombre.

Cuando me despedí de él, nos abrazamos y dejé que me besara. Me fui de ahí, no sin antes de volver la vista varias veces para seguir mirando esos ojos tan alegres que tanto me gustaron, y me sujetaban de cerca.

FUERTEVIDA

Nos soltamos, comimos y terminamos en la playa

No había pegado ojo en toda la noche, parecía que el silencio era el renglón de pensar en el, así se reflejaba en mi rostro, pero tenía que concentrarme y continuar mi día. Las horas pasaban y seguía mi rutina de ir a comer a Fuerte Vida sus sabrosas arepas.

Estaba lleno, era imposible coger mesa a la sombra, cuando ya pensaba en irme una voz que conocían bien mis sentidos, me invitó a sentarme. No me lo podía creer, era el, con el mismo brillo en sus ojos, se aproximó a mi y volvió a besarme. Un beso dulce, lento.

Una vez perdida la compostura  nos soltamos, comimos, reímos, y terminamos en la playa. Quería surfear las olas de Fuerteventura. Le llevé a Esquinzo y su cara reflejaba que había acertado, sobraban las palabras.

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Noche de música en vivo

Después de un par de horas en el agua regresamos a Lajares, era noche de música en vivo en el Return, y no se lo podía perder.

Nos comimos sus deliciosas pizzas y unas cuantas cervezas. La música era una excusa más para acercarnos y perder la cabeza con esos besos.

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Su mente y la mía estaban en sintonía

Era una noche que pedía a gritos no acabar nunca, y así fue. Regresamos a Corra y fuímos derechos al Banana y Tequila.  No sé que estaba pasando, pero su mente y la mía estaban en sintonía.

Bailamos sin parar, construyendo huellas en el camino aparecimos en el Babel, un lugar mágico, no nos pudimos resistir a  jugar al ajedrez, moviendo el peón del tablero y de nuestras almas…

 

CONTINUARÁ…

 

Los mejores Surf Bar de Fuerteventura.

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